En esta época, el jabón se hace a base de cenizas, cloro y sosa. Las cremas más corrientes se hacían a base de grasas animales, especialmente la cabra montesa, muy apreciada  en esos tiempos remotos. Para evitar la calvicie, se mezclaba la grasa de león, hipopótamo, gato y serpiente. No disponemos de datos científicos sobre la eficacia de dichos remedios pero esta técnica se ha abandonado en nuestros días. Todos estos productos los inventaron los egipcios, griegos y romanos. Para ellos la higiene tenía un sentido purificador y evocaba la voluptuosidad. .


Los cuidados corporales se desarrollan. Pero la limpieza se garantiza sobre todo por el cambio más o menos frecuente de la vestimenta. Apenas se conoce las formas en que se transmiten las enfermedades y se tiene miedo al agua. El agua se considera como el principal transmisor de la cólera, la peste y cualquier tipo de enfermedad. Sin embargo, las clases acomodadas se abandonan a los baños y a los masajes de las cremas a base de especies para dar placer al cuerpo. Se depilan, se perfuman y se arreglan la barba.


Los cambios de ropas ya no bastan para asegurar la limpieza como antes. El renacimiento favorece, por lo tanto, el cuidado del cuerpo, sin embargo desaparecen los baños a causa de la peste. Ambroise Paré comienza a ejercer lo que en el futuro será conocido como la cirugía plástica. Aparecen igualmente las primeras mascarillas. La técnica consiste en fundir cera blanca, grasa de cabra montesa, sebo de chivo, esperma de ballena y depositarlo todo sobre el rostro. Sería el equivalente a la « mascarilla de belleza » que aparecería bastante más tarde.


La mayoría de los ciudadanos frecuentan las barberías y peluquerías. Para ponerse guapo se recurre más bien a los polvos, peines, y perfumes. Sin embargo, cuanto más se acicalan, menos se lavan.  Aparecen las « perillas » para esconder los numerosos granos. Se utilizan las primeras pomadas por sus virtudes olorosas y desecantes.


La apariencia  y la calidad del aliento tienen más importancia que la salud dental. No se utiliza el agua ya que se la considera perjudicial. Algunos médicos llegan incluso a afirmar que es la causa de la caída de los dientes. Se utilizan muchos productos para tratar todas las partes del cuerpo. Entre los más insólitos encontramos aquellos para el cuidado del cabello. Se hierven babosas, se recoge la grasa y se mezcla con el aceite de oliva y miel. ¡Abstenerse los cabellos grasos !


Se sigue luchando contra las creencias y las costumbres, pero aparece la higiene pública. ¡Gracias Señor Pasteur! Las mujeres son las primeras en considerar su aspecto físico una cuestión de honor. Al filo del siglo, los cosméticos son cada vez más comunes. Hoy en día, incluso los hombres los utilizan. Corren a pedir consejo a su dermatólogo, a comprar su crema hidratante… De lo cual se deduce que la coquetería ya no es una cuestión de sexo.