Los rayos infrarrojos producen la sensación de calor. Broncean la piel pero la deshidratan y crean un fenómeno de vasodilatación que puede acarrear pequeños problemas circulatorios.
Los rayos UVB penetran en la epidermis, estimulan la melanina y a las 48 horas provocan la aparición del bronceado duradero... y quemaduras solares si no se tiene cuidado.
Los rayos UVA penetran hasta la dermis y son los principales responsables del envejecimiento cutáneo. Producen un bronceado superficial de forma inmediata, sin embargo atacan a las fibras de elastina y de colágeno por lo que cualquier lesión resulta irreversible. De esta forma, una zona quemada por el sol se volverá sensible de por vida y deberá sobreprotegerse.
Los rayos UVC, muy peligrosos, producirían quemaduras si nos los detuviera la capa de ozono.
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Consecuencias
Deshidratación
Envejecimiento cutáneo
Manchas oscuras
Dermatosis